Volume 3, Number 2 (2010)

Is it Really Easier to Imagine the End of the World than the End of Industrial Meat?

Jody Emel and Roberta Hawkins

Clark University

The food system is a major contributor to climate change, with livestock production accounting for a large percentage.  Reducing the consumption of meat and dairy products can significantly reduce greenhouse gas (GHG) emissions.  FAO’s landmark study found that 18 percent of GHG emissions in 2005 arose from livestock production – more than the global transportation sector.  Despite the fact that livestock product consumption is increasing at a global level, the scientific findings about livestock producers’ contribution to climate change presents a tremendous opportunity to fundamentally dismantle an industry that is found significantly problematic in terms of public health, animal cruelty, worker compensation and safety, and environment.   Movements to reduce meat consumption, like the “Meatless Monday” campaign, are increasingly popular and focus on institutional shifts.  Not only are universities, hospitals, restaurants, and other institutions re-examining their meat and dairy consumption levels, they are also evaluating and changing their sourcing of such products, emphasizing local small farms over well establishing industrial supply chains.  Nevertheless, these efforts often illicit serious backlash from consumers who claim their consumer rights and sovereignty are being jeopardized by institutional decisions to reduce meat consumption. We contend that consumer sovereignty is already something of an illusion because consumption is always already a collective endeavor.  We base this argument on three points: (i) that meat eating is best understood not as an individual action alone, but as mediated through an historical and cultural politics; (ii) that our food choices at the institutional level are already highly constricted, especially as they relate to the political and economic clout of the meat and dairy industries; and (iii) that consumption choice is not based on knowledge or desire alone but is always a collective action dependent on choice-sets and information made available through a variety of institutional actors.  We make the case for reducing meat consumption through institutional (as opposed to individual) campaigns and make some suggestions as to how these changes might best be implemented given the current backlash based on consumer “sovereignty”.

Keywords: Climate change, consumer backlash, greenhouse gas, livestock production, meatless Monday

 

¿De verdad es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin de la carne industrial? 

El sistema de producción de alimentos es uno de los mayores contribuidores del cambio climático, con la producción de ganado representando un gran porcentaje. Reducir el consumo de carne y de lácteos puede reducir en buena medida la emisión de gases de efecto invernadero (GHG en inglés). Un influyente estudio de la FAO demostró que en 2005 un 18 por ciento de las emisiones de GHG provenían de la producción de ganado (es decir, más que el sector de transportes a nivel mundial). A pesar de que el consumo de ganado está creciendo, los hallazgos científicos respecto a la contribución de los productores de ganado al cambio climático constituyen una oportunidad fabulosa para básicamente desmantelar una industria que resulta muy problemática en términos de la salud pública, la crueldad hacia los animales, la paga a lxs trabajadorxs y su seguridad, y para el medio ambiente. Movimientos para reducir el consumo de carne, como el “Meatless Monday” (“Lunes sin Carne”), están ganando reconocimiento y se enfocan en los cambios a nivel institucional. Las universidades, hospitales, restaurants y otras instituciones que están re-evaluando sus niveles de consumo de carne y lácteos, también están re-pensando a quién le compran estos productos y haciendo hincapié en pequeños productores locales en detrimento de las cadenas industriales de producción conocidas. Sin embargo, estos esfuerzos frecuentemente generan reacciones serias de consumidorxs que alegan que sus derechos y soberanía están siendo puestos en peligro por decisiones institucionales de reducir el consumo de carne. Ante esto nosotrxs argumentamos que la soberanía de lxs cosumidorxs es en sí una especie de ilusión, puesto que el consumo es siempre una costumbre colectiva. Basamos este argumento en tres puntos: a) el consumo de carne debe ser entendido no como un acto individual solitario, sino como un acto mediado por cuestiones políticas históricas y culturales; b) nuestras elecciones alimenticias a nivel institucional están fuertemente restringidas, sobretodo porque están relacionadas con la influencia colectiva de las industrias de la carne y los lácteos; c) nuestras elecciones sobre lo que consumimos no se basan solamente en conocimiento o deseo sino que son siempre actos colectivos dependientes de imposiciones sobre las elecciones posibles y la información que llega a través de una variedad de actores institucionales. Proponemos reducir el consumo de carne a través de campañas institucionales (contrariamente a individuales) y hacemos algunas sugerencias acerca de cómo estos cambios pueden ser implementados mejor frente al criticismo basado en la “soberanía” de lxs consumidorxs.

Palabras clave: Cambio climático, reacción de lxs consumidorxs, gases de efecto invernadero, producción ganadera, “Meatless Monday”

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