Volume 2, Number 1 (2009)

LECCIÓN ACELERADA DE CAPITALISMO

Claudio Katz

Universidad de Buenos Aires y Economistas de Izquierda

 

Lessons from Capitalist Accumulation 

Contradictory policies are being applied to the financial collapse in the United States. Nationalization and encouraging mergers constitute the prevalent approach, yet some banks are allowed to fail. Nationalizing toxic mortgages will entail unprecedented costs, yet will not solve the debt problem. The recession that began in North America tends to globalize: European monetary policy deepens the recession; Japan is dragged down by its own depression; the possibility of a new economic block headed by China vanishes. Initial analogies made with the 1987 crash, and with the end of the technological bubble in 2001, have little accuracy. And many comparisons made with the depression of the 1930s miss the differences produced by state interventionism and the globalization of capital and power. However, reference to the 1975-79 period is more useful in figuring out the changing phase of the capitalist economy. A loss of political authority, military adversities, and economic unbalances limit the possibilities of the US to export the crisis. The financial crisis rebuffed the neoliberal beliefs and the assumption that sophisticated investments can help reduce risks. Speculation is inherent to Capitalism, and the bankers and industry have worked in unison. The crunch is due to a peculiar crisis of over-production rooted on the fake valorization of assets and worker indebtedness induced by easy credit. The crisis demonstrates how wage contraction and global competition strengthen the problem of over-production. As well, it converges with a cyclical scarcity of raw materials, fostered by environmental degradation. These processes have exhausted North-American hyper-consumption financed by the rest of the world. Peripheral countries are the most likely to suffer most from the major effects of the crisis, as anticipated by the tragedy of Africa. Even continued control by the ruling classes in the semi peripheral countries over specific economic areas is uncertain. The financial tsunami illustrates the adverse consequences of Capitalism and motivates the construction of a socialist alternative.

 

En Estados Unidos se implementan medidas contradictorias frente al colapso financiero. Predomina la estatización y el aliento de las fusiones, pero también se insinuó permitir la caída de algunos bancos. La nacionalización de hipotecas tóxicas tendrá un costo inédito y no resuelve la insolvencia de los deudores. La recesión norteamericana tiende a globalizarse, la política monetaria europea acentúa el enfriamiento, Japón arrastra su propia depresión y se esfuma la expectativa de un desacople liderado por China. Las analogías iniciales con el crack bursátil (1987) y la burbuja tecnológica (2001) han perdido pertinencia, pero muchas comparaciones con el 30 omiten las diferencias creadas por el intervencionismo estatal y la asociación mundial de capitales y potencias. Ciertas semejanzas con la depresión japonesa son acertadas, pero la referencia de 1975-76 es más útil para graficar el cambio de etapa. La pérdida de autoridad política, las adversidades militares y los desequilibrios económicos limitan la capacidad norteamericana para exportar la crisis. Pero el paradójico refugio en el dólar abre interrogantes sobre su ocaso. La crisis refutó las creencias neoliberales y la teoría de atenuar riesgos con inversiones sofisticadas. Ha ganado primacía un discurso heterodoxo que oculta la articulación de las regulaciones con la ganancia. La especulación es inherente al capitalismo y los banqueros han actuado en sociedad con los industriales. El estallido obedece a una crisis peculiar de sobre-acumulación, asentada en valorizaciones ficticias y el endeudamiento de los asalariados. Expresa el agravamiento de la sobreproducción que genera la contracción salarial y la competencia global. Además confluye con un encarecimiento cíclico de las materias primas, potenciado por la devastación del medio ambiente. Estos procesos agotaron el hiper-consumo norteamericano provisto por Asia y financiado por el resto del mundo. Los países periféricos son candidatos a sufrir los mayores efectos de la conmoción, como lo anticipa la tragedia de África y el brote de hambruna. Es también incierta la continuidad del espacio ganado por las clases dominantes de la semiperiferia. El tsunami financiero ilustra las dramáticas consecuencias del capitalismo e incita a construir una opción socialista El terremoto de Wall Street ha desconcertado al establishment global. En la cúspide del poder predomina el pánico y las declaraciones alarmistas. Todos registran la presencia de un acontecimiento que podría inaugurar un cambio de época. La comparación con la caída del muro de Berlín es un indicio de esta dimensión histórica. El temblor actual comenzó a incubarse en junio del año pasado con el desplome de los fondos de cobertura administrados por Bear Stearns y cobró fuerza con la nacionalización del Northern Rock británico. De esta gestación se pasó a un estallido cuya profundidad salta a la vista.

 

 

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