Volume 2, Number 1 (2009)

Reflections on the Unsustainability of Touristic Activities in Rural and Natural Spaces: The Cases of Ecotourism and Deep Ecology 

José Antonio Segrelles

Universidad de Alicante

 

Even when practiced under new, and allegedly sustainable modalities (as with the case of Ecotourism), touristic activities in the rural and natural spaces of developing countries always suppose the introduction of capitalistic socio-economic relationships, and never the overcoming of these countries’ poverty or the abandonment of their traditional dependency on the dominant countries. Currently, capitalism follows two basic strategic lines with regard to the touristic exploitation of natural resources in developing countries, according to whether, or not, it includes the participation of the peasantry. In the first of these cases, termed Ecotourism, the peasants are driven from their land, but included in a shared management of the landscape’s resources. The second is based on the theory of conservationism and on the concept of deep ecology (landscapes without human beings) and consists of the control of the natural areas by capital, without the intervention of peasants, or even of human beings at all. Recently, the ideology of sustainable development, applied to tourism and other economic activities, has been widely promoted by the mass media. Indeed, it can be said that most people easily assume that ecotourism is a beneficial activity that can help local economies in impoverished countries overcome underdevelopment. In ecotourist projects, nature is exploited, sold and consumed, as part of the usual practice for competitive market economies which have, as a fundamental feature, the mistaking of price for value. In this kind of project, it is pretended that certain environments (forests, lakes, beaches, mountains) or their fauna and flora are protected, but in practice these are merely preserved for the rich. Hence, it becomes normal to pay, and pay high prices, for the right to enjoy preserved nature. Through ecotourism, nature becomes a consumer good. Places of leisure are sold and consumed as exchange values, as with other merchandise. The true emancipation of the peasantry, and of the indigenous peoples of these areas of the developing countries does not lie in ecotourism. Instead, it lies in struggles for the land and its fair distribution. There also exist projects which do not include the presence of peasants or any other local people. In these, capital fosters deep ecology and conservationism to control and exploit the resources of natural areas without human intervention. A vision of the human being as necessarily destructive of nature is the ideological foundation of such projects. The environmental services industry generates millions of dollars around the world. Economic, strategic and geopolitical interests linked to this activity proliferate. The major beneficiaries are the big international banks and the most powerful transnational corporations of this sector. Be it conventional, or allegedly sustainable, tourism will never bring modernization to the dependent countries. The origin of the problems and oppression of the peasantry lie in an unjust distribution of landed property. As long as authentic agrarian reform is avoided, peasants in the peripheral countries will continue to be impoverished. Tourism provides capital and states with arguments that hide the true and essential problems of rural areas. Emphasizing the necessity to diversify rural economies by means of the introduction of touristic activities, capital and the state hide the true and essential problems of rural areas. Tourism, be it conventional or not, will never bring modernization to the dependent countries. The origin of the problems and oppression of the peasantry lie in an unjust distribution of landed property. As long as authentic agrarian reform is avoided, peasants in the peripheral countries will continue to be impoverished.

 

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA INSOSTENIBILIDAD DE LAS ACTIVIDADES TURÍSTICAS EN EL MEDIO RURAL Y NATURAL. LOS CASOS DEL ECOTURISMO Y DE LA ECOLOGÍA PROFUNDA

Las actividades turísticas que se desarrollan en los espacios rurales y naturales de los países subdesarrollados, aunque se realicen bajo cualquier modalidad de nuevo cuño y supuestamente sustentable (como es el caso del ecoturismo), siempre suponen la introducción de unas relaciones socioeconómicas típicamente capitalistas y nunca la superación de su empobrecimiento crónico o el abandono de su tradicional dependencia respecto a los países dominantes. El capitalismo actual sigue dos líneas estratégicas básicas en la explotación turística de los recursos naturales de los países periféricos según se incluya o no al campesinado. En el primer caso se trata de un corporativismo estatal en el que el campesinado es desarraigado de la tierra para ser incluido en una gestión compartida de los recursos del entorno mediante la implantación del ecoturismo. Por otro lado, existen proyectos turísticos en los que no se considera la presencia campesina, ni siquiera humana, y donde los agentes del capital impulsan el desarrollo de la teoría del conservacionismo y la ecología profunda (paisajes sin seres humanos) para penetrar en ellos y controlar y explotar sus recursos. La ideología del desarrollo sostenible aplicada tanto al turismo como a otras manifestaciones económicas ha sido muy difundida por los medios de comunicación de masas y se encuentra ya tan arraigada que hasta el más común de los ciudadanos puede afirmar sin más disquisiciones que hoy en día el ecoturismo es una actividad beneficiosa capaz de sacar del subdesarrollo a muchas economías locales de los países empobrecidos. En muchos proyectos de ecoturismo la naturaleza es explotada, vendida y consumida. Es decir, lo normal en una economía de mercado competitiva en la que su razón de ser es confundir valor con precio. Este tipo de proyectos pretenden en teoría la preservación de ciertos parajes (bosques, selvas, lagos, playas, montañas) o de las especies animales y vegetales del lugar, pero en la práctica lo que hacen es reservarlos para los más ricos. Entonces parecerá natural pagar, y pagar caro, por el derecho a disfrutar de una naturaleza preservada. Con el ecoturismo, la naturaleza se convierte en muy poco tiempo en un bien de consumo, ya que el modo de producción imperante encuentra en los espacios naturales la posibilidad de explotarlos para el disfrute y recreo de los que pueden pagarlos. Así, produce lugares de ocio, los vende y consume como valores de cambio, como si fueran una mercancía más. La verdadera emancipación del campesinado y de los indígenas de varias zonas de los países subdesarrollados no pasa por la implantación de un ecoturismo que se basa en su articulación corporativa con el Estado capitalista, sino en la lucha por la tierra y el reparto justo de la misma. También existen proyectos turísticos en los que no se considera la presencia campesina, ni de ninguna población local, y donde los agentes del capital impulsan la ecología profunda y el conservacionismo, es decir, áreas naturales sin seres humanos en las que instalarse para controlar y explotar sus recursos. La ideología que subyace en este modelo se basa en la visión de los seres humanos como entes necesariamente destructores de la naturaleza. El negocio de los servicios ambientales genera millones de dólares de ganancias en todo el planeta, lo que significa que existe una proliferación inusitada de intereses económicos, estratégicos y geopolíticos ligados a él, cuyos beneficiarios son la gran banca internacional, las corporaciones transnacionales más pujantes del sector y los países centrales. La modernización de los países dependientes nunca vendrá de la mano del turismo, sea convencional o supuestamente sostenible, pues el origen del problema campesino y de su opresión radica en la injusta distribución de la propiedad de la tierra. Mientras no se produzca una auténtica reforma agraria, el campesinado de los países periféricos seguirá empobreciéndose sin remisión y prestando argumentos a los agentes del capital y a los propios estados para que enmascaren los verdaderos y esenciales problemas y esgriman la necesidad de diversificar la economía rural mediante el desarrollo del turismo.

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